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CAJÓN DE SASTRE DE UNA VIAJERA

jueves, 21 de marzo de 2013

El cautiverio de Jovellanos en Mallorca

Gaspar Melchor de Jovellanos llega a Mallorca en 1801. No viene de visita sino que comparece esposado para cumplir presidio: primero, en la Cartuja de Valldemosa (1801-1802) y, después, en la prisión militar del Castillo de Bellver (1802-1808). Pero el gijonés no es un delincuente, sino uno de los representantes más distinguidos de la Ilustración hispana, un intelectual y un político reformista de inigualable valía.

¿Cuál es, pues, el motivo del encarcelamiento? Ha sido denunciado por adversarios políticos, que han conseguido convencer al rey. ¿El delito? Pensar y difundir unas ideas excesivamente avanzadas para la época. Jovellanos propone una educación al alcance de todo el mundo, la reforma agraria, el fomento de las obras públicas, la abolición del tribunal de la Inquisición y una economía más liberal. Y todo esto está muy mal visto por algunos poderosos de la España de finales del siglo XVIII y principios del XIX, víctima de un atraso que contrasta con los aires revolucionarios e ilustrados que soplan desde Francia.

Jovellanos es un hombre culto que destaca en muchos ámbitos; como jurista, político, escritor, pedagogo, historiador del arte y filósofo, entre otros. En Mallorca, durante su cautiverio, también deja una honda huella. A pesar de estar privado de su libertad, no permanece inactivo y se interesa por la isla. Estudia su historia, su cultura y su arte. Hace buenas amistades y contribuye a que Mallorca avance hacia la modernidad ideológica.

Cartuja de Valldemosa en Mallorca – Azulejos Cartuja de Valldemossa

En abril de 1801 Jovellanos llega efectivamente a Mallorca y es conducido preso a la Cartuja de Valldemosa. Las órdenes son claras: hay que impedirle cualquier comunicación con el exterior, incluso por escrito. Recluido en su celda, de la que sale únicamente para pasear por el claustro y asistir a misa, cae enfermo. Los cartujos le dispensan todas las atenciones que pueden e, incluso, el prior solicita a la Corte que le relajen el castigo. Sin esperar el permiso, le proporcionan libros y papel para escribir y le dejan salir por los alrededores. El, agradecido, y dado que mantiene el sueldo de consejero de Estado, ayuda a pagar parte de las obras de la nueva iglesia, compra libros para la biblioteca de la cartuja y, además, reparte limosna entre los necesitados de Valldemosa. Todo ello reporta la estima y la complicidad de los que le rodean.

Para distraerse, empieza a estudiar botánica, instruido por el monje encargado de la botica, así como la historia de la cartuja. Reanuda su Diario. A petición de la Sociedad Económica Mallorquina de Amigos del País, redacta la Memoria sobre la Educación Pública o Tratado teórico-práctico de enseñanza, un tratado pedagógico en el que proponía crear en Palma un centro de enseñanza media gratuito y de admisión libre de alumnos, siguiendo el modelo de Gijón (Gijón recuerda a Jovellanos). Envía una Representación, o súplica, dirigida a Carlos IV, en la que afirma desconocer los motivos de su reclusión. Sin embargo, al enterarse el rey de que, pese a las órdenes dadas, el preso no permanece incomunicado, ordena su traslado a la prisión militar del Castillo de Bellver, un lugar mucho más riguroso. En mayo de 1802, su salida de Valldemosa, escoltado por el ejército, se convierte en una manifestación de dolor de lo lugareños. La defensa del prior, del obispo de Barcelona y de otros ha sido insuficiente para aplacar al ministro Caballero y evitar el traslado forzoso a Bellver.

Retrato de Jovellanos pintado por Goya - Castillo de Bellver en Palma de Mallorca

El 5 de mayo de 1802 Jovellanos es trasladado, con un fuerte aparato militar, al Castillo de Bellver en Palma. Aquí la reclusión es mucho más dura y le niegan incluso el papel y la tinta con el fin de evitar cualquier posibilidad de comunicarse con nadie. Recluido en una estancia carente de luz, contrae unas cataratas que le dejan prácticamente ciego; la ausencia de ventilación y la falta de ejercicio físico le causan problemas de riego sanguíneo que derivan en jaquecas, dolores reumáticos y otras dolencias crónicas. A ello contribuyen, sin duda, la tristeza y el desánimo provocados por el hecho de no conocer el motivo ni la duración de un encarcelamiento tan arbitrario. Ante esta situación, el médico ordena que se bañe en el mar, a lo que finalmente le autorizan, siempre custodiado, en Cala Major. Se gana pronto la amistad de los oficiales que le tienen a su cargo. A pesar de las prohibiciones, consigue escribir y, con algunas complicidades, mandar fuera del castillo mensajes cifrados (algunos en bable, otros en latín), firmados con seudónimos o anagramas y fechados en lugares desconocidos. Le permiten, asimismo, leer y, de esta manera, Cicerón, La Biblia y La Imitación de Cristo pasan a ser en buena medida una medicina para superar la desesperanza que le provoca el cautiverio.

En 1805 Jovellanos empieza su Memoria del Castillo de Bellver, descripción histórico-artística, que es guía geográfica y diario sentimental y está destinada al también gijonés Juan Agustín Ceán Bermúdez, probablemente el primer historiador del arte español. Recordemos que hasta 1805 su prisión fue rigurosa por lo que Jovellanos se centra en Bellver. Es gracias a la ayuda de colaboradores que Jovellanos podrá comenzar a escribir sobre otros monumentos de Palma; ellos le describen, le traen documentación y hasta le proporcionan dibujos.

A partir de 1806 las condiciones de su presidio se relajaron. Jovellanos continua a trabajar en sus Memorias histórico-artísticas que, junto a las Memorias del Castillo de Bellver, son aún hoy obras imprescindibles para conocer la historia del arte gótico de Mallorca y que en la época resultaron fundamentales en la recuperación del gusto por la estética medieval y en la construcción del prerromanticismo en la sociedad española. Paseos, visitas del gobernador y otros miembros de la aristocracia mallorquina, misas, chocolates, lecturas, meriendas y baños en el mar son el diario de Jovellanos de 1806 a 1807.

Monumento a la memoria de Jovellanos en el Castillo de Bellver en Palma de Mallorca
“A la memoria del sabio, virtuoso, eminente varón Don Gaspar Melchor de Jovellanos. / En este aposento soportó con ánimo sereno y tranquila conciencia rigorosa prisión, desde el día 5 de mayo de 1802 hasta el 6 de abril de 1808. / La Sociedad Económica Mallorquina en sesión del 12 de octubre de 1849 acordó por aclamación dedicarle este monumento.”

Cuando el motín de Aranjuez colocó en el trono a Fernando VII y a puertas del alzamiento contra las tropas napoleónicas, Jovellanos fue liberado. La orden se da un 22 de marzo de 1808 y pronto se pone en práctica. Tras esta etapa, ocupará un cargo destacado en la Junta Central. El gijonés fallece tres años más tarde, el 27 de noviembre de 1811, en el Puerto de Vega (Asturias) mientras huía de la ocupación francesa.


Bolsa de patatas fritas Momento ChipsMomento Chips

En alguno de sus paseos por las inmediaciones de Bellver, Jovellanos llegó a interesarse por Son Boter, finca que Joan Miró convertiría en taller de creación un siglo y medio más tarde.

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