Paella & Chips

CAJÓN DE SASTRE DE UNA VIAJERA

lunes, 16 de abril de 2012

España suspende en inglés

He estado leyendo un interesante estudio realizado por EF Education First, una empresa dedicada a los cursos de idiomas, sobre el nivel de inglés en diversos países y, desgraciadamente, España no sale muy bien parada.

Para llegar a las conclusiones, se utilizaron los resultados de una serie de pruebas realizadas “online” por 2 millones de adultos en 44 países. España se queda en el puesto 24 con un “nivel bajo” de inglés. Los países latinoamericanos están aún más rezagados, salvo México y Argentina que aprueban por los pelos.

EF Indice de Nivel de Ingles por paises

Las explicaciones y las lecturas de este informe pueden ser variadas y quizás no sorprenden excesivamente aunque, personalmente, no me esperaba resultados tan negativos para España. Pensando en ello, durante largos años la metodología de aprendizaje de idiomas en la escuela española no ha sido la apropiada. Las clases de inglés se han centrado en el estudio de la gramática, con muy poco contenido práctico. En el colegio, como mucho teníamos derecho a algún “listening” (ejercicio de comprensión) con la ayuda de un viejo “radiocassette”.

Una pena que no se hiciera de otra manera pues hoy en día los estudios muestran que el enfoque conveniente se basa en la inmersión, con hincapié en la conversación, la comprensión y la práctica. Y, aunque en los últimos años ha aparecido algún colegio bilingüe, iniciativas públicas como las Becas MEC, ayudas del Ministerio de Educación para viajar al extranjero, etc, sólo el tiempo nos dirá si estas reformas se han llevado a la práctica convenientemente y, sobre todo, si son las adecuadas para que la población española mejore su nivel de inglés.

Pero no pensemos solamente en las generaciones más jóvenes, ¿qué ocurre con las personas adultas? Aprender o mejorar una lengua extranjera siendo adulto es posible. A pesar de muchos mitos en este sentido, nada demuestra cuál es el momento adecuado para aprender un segundo idioma. Recordemos que si bien los niños parecen tener una especial capacidad para aprender idiomas, también ellos necesitan un entorno de inmersión total de entre 4 a 7 años para alcanzar el nivel de inglés de un nativo.

Imagino que muy pocos cuestionaréis la suma importancia de manejar el inglés pero si es así, me remito a los datos. La mayoría de los empleados de empresas internacionales necesita usar esta lengua, el “esperanto de los negocios”, a diario y está claro que las empresas británicas o estadounidenses siempre consideran el nivel de inglés de la población antes de implantarse en un país (Malas noticias para España, sobre todo ahora, en momentos de crisis económica) De hecho, los países en vías de desarrollo preparados para el “boom” de la globalización reconocen que producir licenciados con buen nivel de inglés es la forma más fiable de expandir su economía.

Por otra parte, los Directores de Recursos Humanos estiman que aquellos candidatos con un nivel de inglés superior a la media pueden aspirar a salarios entre un 30% y un 50% por encima de aquellos con menor nivel de inglés. A escala global, aquellos países con mayor renta per cápita tienen un mejor dominio de este idioma.

Para todos aquellos que aún necesitéis mejorar en inglés, espero que todos estos datos os motiven. Además, y esto lo digo por experiencia propia, dominar otras lenguas es increíblemente gratificante. Ser capaz de compartir con otras personas, intercambiar ideas distintas, conocer culturas diferentes.



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En la próxima década se calcula que habrá por lo menos 2 000 millones de personas aprendiendo inglés en todo momento.

martes, 10 de abril de 2012

Las increíbles historias de los 10 españoles a bordo del Titanic

El 10 de Abril de 1912, hace exactamente 100 años, el transatlántico británico Titanic iniciaba su viaje desde Southampton en Inglaterra con rumbo a Nueva York.

Diez españoles, con historias muy distintas, tenían un billete. Se iban de viaje en el mayor y más lujoso barco de su tiempo.

Aunque nunca se olvidarían de la noche del 15 de Abril en la que el buque chocó con un iceberg, algunos vivieron para contarlo. Otros no tuvieron tanta suerte.


Víctor Peñasco Castellana y María Josefa Pérez de Soto se habían casado en Madrid en 1910. Con mucho dinero, viajan en una prolongada luna de miel por las capitales europeas. En 1912, sólo tienen 24 y 22 años respectivamente.

En París, mientras cenan en el todavía hoy abierto y lujoso Restaurante Maxim’s ven una publicidad del Titanic. Deciden embarcar y llevarse con ellos a su doncella, Fermina Oliva Ocaña, una madrileña de 39 años. Compran los pasajes de primera clase en la agencia que la White Star tiene abierta enfrente de la Opera de París. Los tres billetes les cuestan £108 y 18 chelines, una pequeña fortuna para la época.

Víctor, que sabe que su madre se preocupará si les sabe en mar, le pide a un mayordomo que se queda en París, que le vaya enviando desde allí postales que él le deja escritas. El 10 de Abril, los tres salen de París hacia Cherbourg, el puerto francés en el que el Titanic hace escala y desde donde se pondrán rumbo a Nueva York.

La pareja se aloja en un fantástico camarote, el C-65, con vistas al mar y sólo tres niveles por debajo de la cubierta superior. Fermina está muy cerca, en el camarote C-109, en una zona ocupada por personal doméstico.

La noche fatídica, mientras Fermina está cosiendo, nota una vibración extraña y la parada de motores. Se acerca al camarote del joven matrimonio y Víctor, a pesar de que el personal del barco intenta tranquilizarlos, decide subir a cubierta. Pronto se da cuenta de la gravedad de la situación y avisa a las mujeres. La señal de alarma empieza ahora a darse y los pasajeros se agolpan hacia la cubierta. Las mujeres, junto a Víctor, tienen la fortuna de acabar frente al bote 8. Pero Josefa ha olvidado sus joyas y Víctor decide ir a buscarlas. Víctor vuelve antes de que el bote salvavidas parta pero el oficial que organiza la evacuación del bote da la orden de dejar partir sólo a mujeres y niños. Josefa no quiere separarse de su esposo pero él la arroja al bote, a los brazos de una pasajera italiana, la Condesa de Rothes. Víctor pide a la condesa que cuide de su joven esposa. Sus últimas palabras, dirigidas esta vez a Josefa y quizás ya presagiando lo peor, son “Pepita, que seas muy feliz”. El mismísimo Capitán Smith pregunta entonces si hay más mujeres. No parece haber respuesta. El bote, medio vacío, empieza a descender. Josefa, que dada la rapidez de toda la operación, no ha podido entrar en el bote, se pone a gritar y es arrojada a él desde más de un metro de altura. Será su salvación.

La Condesa de Rothes intenta calmar a la desesperada Josefa. Después, contempla la cubierta y ve a Víctor Peñasco ponerse de rodillas sobre la cubierta, en actitud de oración.

El Carpathia, el buque que se encontraba en la zona y que vino al rescate, recogerá a los ocupantes del bote 8 a aproximadamente las 7:30 de la mañana. Josefa y Fermina llegarán sanas y salvas a Nueva York el 18 de Abril de 1912, sólo un día más tarde de lo previsto inicialmente.

El pobre Víctor fallece en el hundimiento del Titanic. Su cuerpo, si alguna vez apareció, no fue identificado.

Que el cuerpo de Víctor no apareciera trajo a Josefa graves problemas pues no se la considera legalmente como viuda. De hecho, no pudo heredar hasta que el Vicecónsul en Canadá tuvo a bien facilitarle un certificado falso. Pasado el tiempo, se casará de nuevo y muere 60 años más tarde, el 3 de Abril de 1972.

Fermina, por su parte, nunca se casó y falleció anciana, en 1969.


También en primera clase, viajaba un hombre de mi “tierrina”. Servando José Florentino Ovies Rodríguez era un asturiano, concretamente de Avilés. Tenía 36 años y trabajaba, como tantos asturianos hicieron, en La Habana. El negocio familiar, Rodríguez & Co, una empresa de importación textil, le hace trasladarse constantemente a Europa en busca de contratos con proveedores. Dada su posición y sus frecuentes desplazamientos, Servando procura viajar en buenos barcos y lleva consigo importantes cantidades de dinero en efectivo.

Servando embarca en Chesbourg y ocupa el camarote D-43. Había pagado £27 y 14 chelines por su billete.

Servando pierde su vida en el hundimiento. Su cuerpo será recuperado posteriormente por el MacKay-Bennett, el primer barco que se envió a recoger cadáveres. Servando llevaba puesto un abrigo, una chaqueta negra, unos pantalones azules y una camisa gris con las iniciales JR.

Su cuerpo se entierra en el Cementerio de Fairview en Halifax. Se le exhuma y es identificado por J A Rodríguez de Rodríguez & Co, su propio primo. Los restos de Servando se trasladarán entonces al Cementerio Católico de Mount Olivet en Halifax el 15 de Mayo de 1912. Allí yace junto a otros fallecidos en la tragedia. Aun así, todavía existen dudas sobre si realmente se trata de él.

Servando muere dejando en tierra a su mujer, Eva López, embarazada de su primer hijo, Ramón. Eva pondrá posteriormente una demanda de $75 000 por la muerte de su marido y $2 800 por las pérdidas materiales.

Cementerio Católico de Mount Olivet en el que el asturiano Servando Ovies se encuentra enterrado



Oriundos de Cataluña, otros cuatro españoles.

Julián Padró Manent, un barcelonés hasta entonces hostelero, después chófer, de 26 años y su amigo Emilio Pallás Castelló, de 29 años y natural de Lérida, cogieron el barco desde Chesbourg procedentes de Barcelona.

Tras realizar escala en Nueva York, irían rumbo hacia La Habana, seguramente con idea de “hacer las Américas”

Viajaban junto a dos hermanas de Lérida. Florentina Durán, prometida, luego esposa de Julián, tenía 30 años. Su hermana, Asunción Durán, tenía 27 años.

Cada uno de ellos había pagado más de £13 por su pasaje de segunda clase.

Julián y Emilio son despertados por fuertes golpes en la puerta. Se trata de un compañero de ajedrez argentino que les alerta del peligro. Fuera, es la guerra para alcanzar los botes salvavidas. El personal de a bordo hace retroceder a los hombres con hachas y revólveres. Sólo dejan pasar a las mujeres y a los niños. A pesar de todo, Julián logra llegar al bote 9. Emilio es detenido por un marinero pero finalmente alcanza una barandilla y se deja caer en el bote. En la caída, se hace daño en una pierna, lo que le dejará algo cojo.

Las hermanas, por su parte, logran meterse en el bote 12, uno de los últimos en alejarse del Titanic.

Las imágenes que nuestros cuatro protagonistas presenciaron fueron desgarradoras y les marcarán de por vida.

El Carpathia recoge el bote 9 a aproximadamente las 6:30 de la mañana y el bote 12, casi dos horas más tarde. El buque traslada a los cuatro a Nueva York. En el muelle de la ciudad norteamericana se alineaban curiosos, ambulancias, servicios médicos y las familias de los supervivientes y desaparecidos.

Desde Nueva York, la compañía naviera Ward Line les regala pasajes de primera clase a borde del buque SS Monterey y es así come llegan a su destino final, La Habana.

El matrimonio de Julián y Florentina se establece para siempre en La Habana. No tuvieron hijos. Ella murió en 1959 y él, en 1968. Están enterrados en el Cementerio de Cristobal Colón de la capital cubana.

Se cree que Asunción también vivió en la isla durante toda su vida.

Es lógico que tras tal trago, no decidan volver a coger nunca más un barco para irse a España.

Pero parece que Emilio sí volvió a Lérida. Se casó allí y fue propietario de una panadería. Emilio murió en 1940.

Supervivientes de la tragedia del Titanic en Nueva York (de izquierda a derecha): John William Thompson, Thomas Whiteley, William McIntyre y el español Emilio Pallás Castelló



Encarnación Reynaldo era una mujer originaria de Marbella. Se había casado y había tenido 3 hijos, de los que uno había muerto a temprana edad. Muy joven, se queda viuda.

En 1911, un matrimonio gibraltareño la contrata como sirvienta y Encarnación se traslada con ellos a Londres.

En 1912, con 38 años, Encarnación decide ir a ver a su hermana a Nueva York, quizás para establecerse allá.

Para realizar el viaje, compra un billete de segunda clase, por el que abona unas £13. Parte desde Southampton.

Parece que sus conocimientos de inglés pudieron ayudarla a la hora de coger de un bote salvavidas. La mujer termina en el bote 9, el mismo en el que también se salvan Julián y Emilio.

Encarnación llega a Nueva York en el Carpathia el 18 de Abril de 1912.

Se cree que la mujer murió en Florida en la década de los ’40 o ’50.


Nacido en España, en 1912, Juan Monros era un chico de 20 años, hijo de unos emigrantes catalanes residentes en París.

Andaba por Londres y, gracias a un amigo y a sus conocimientos de inglés y francés, consigue empleo en el magnífico restaurante a la carta del Titanic. Apenas tenía experiencia y era la primera vez que embarcaba.

El día antes de su partida desde Southampton le manda una postal a su madre pidiéndole que le escriba a Nueva York y que él, por su parte, les dará noticias al llegar.

Juan murió en el Titanic. Su cuerpo fue encontrado por el MacKay-Bennett. Juan estaba vestido con una chamarra de marinero, un abrigo de franela, pantalones negros, chaleco, camiseta de tirantes y botas con botones negros. En sus bolsillos hallaron un ticket de una casa de empeño, unos guantes, unas monedas, algunos papeles y una postal.

Su cuerpo fue devuelto al mar. Parece ser que aquellos cuerpos en malas condiciones o descompuestos no se llevaban a tierra. Además, el Mackay-Bennett encontró tantos cuerpos que se quedó sin material para embalsamar y la legislación exigía que los cuerpos llevados a la orilla debían estar debidamente embalsamados. Sin sorpresas, dada las distinciones de clase que se hacían en la época, los primeros cadáveres que se devolvieron al mar fueron los de aquellos viajando en tercera clase y los de los miembros de la tripulación, como Juan.


El transatlántico “insumergible” se hundió para siempre en la negrura del océano y con él, 1513 de sus 2223 ocupantes. Entre las bajas, tres españoles.



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La mayor tragedia marítima de la historia fue la del transatlántico alemán Wilhelm Gustloff a finales de la Segunda Guerra Mundial. Lo alcanzó un torpedo ruso y murieron más de 9000 evacuados.

lunes, 2 de abril de 2012

El siniestro Aberdeen del escritor Stuart MacBride

Stuart MacBride, el conocido escritor de novela negra, participó el jueves pasado en la Celebración de la Lectura (Reading Celebration), un evento organizado por Aberdeen College.

Como lectora de sus novelas, no quise perdérmelo. Disfruté de esta hora en la que Stuart, fácilmente reconocible por su cuidada barba y su mordaz humor, compartió con nosotros su amor por la escritura, el género negro y la ciudad de Aberdeen. También tuvimos la oportunidad de escuchar al propio Stuart leer un extracto de su obra.

Stuart MacBride es famoso por su colección de 7 libros conocidos como la Serie Logan McRae: “Cold Granite”- “El coleccionista de niños” (2005), “Dying Light” - “Luz mortecina” (2006), “Broken Skin” - “Piel herida” (2007), “Flesh House” (2008), “Blind Eye” (2009), “Dark Blood” (2010) y “Shatter The Bones” (2011)

El protagonista de estas novelas, Logan McRae, es un respetado y leal Inspector de policía. Sus casos siempre tienen como telón de fondo la ciudad en la que Stuart se crió y de la que aún hoy le separan escasos kilómetros, Aberdeen, la capital europea del petróleo.

Stuart tiene un gran cariño y es un gran conocedor de la Ciudad del Granito. Según nos comentó, cuando está falto de ideas, lo único que tiene que hacer es irse a dar una vuelta por Aberdeen.

Aparte de esta colección, Stuart ha escrito otros 3 libros. “Sawbones” (2008), el viaje por carretera de unos “gangsters” por Estados Unidos. “Halfhead” (2009) es una historia que transcurre en Glasgow en un futuro no tan lejano. Aunque “Hafhead” sólo vio la luz en 2009, fue el texto que permitió a Stuart firmar un contrato editorial. El blog del autor comparte además el nombre de la novela. “Birthdays for the Dead” (2012) es la nueva novela de Stuart en la que nos presenta al agente de policía Ash Henderson, atormentado por la sangrienta muerte de su hija en la víspera de su 13er Cumpleaños.

El escritor también nos ha deleitado con numerosas historias cortas.

Libros de Stuart MacBride Flesh House Blind Eye

La obra de Stuart es fruto de un arduo y exigente trabajo. El escritor es capaz de pasar una mañana delante de un párrafo; no le dará el visto bueno hasta que no lo considere perfecto. Reconoce que nunca sería capaz de trabajar para nadie tan severo como él mismo. Además, el autor, que comprende la importancia de los compromisos con sus editores, ha de cumplir con estrictos plazos.

Al menos, Stuart no necesita hacer tiempo para ver la telerrealidad, que le horroriza y que no tiene miedo en calificar de “cheap crap” (mierda barata). Para lo que sí que saca tiempo es para dedicarse a su huerto, cocinar, jugar con un nuevo “gadget”, leer algo de Ray Banks o conocer a otros que se dedican o cercanos al género negro. Como él dice, hay peores maneras de ganarse la vida. Su profesión le ha permitido hacer lo que ama y conocer a gente muy interesante. Raros pero interesantes.

A pesar de todo, Stuart sabe diferenciar entre violencia real y de ficción. Cuando Stuart mata, mutila o desmiembra, nadie sale herido. Son personajes de ficción.

El trabajo de Stuart MacBride ha sido lógicamente recompensado en varias ocasiones. Ha ganado premios como el Barry Award por Primera Mejor Novela en 2006 (“Cold Granite”), el CWA’s Dagger In The Library Award en 2007 y el ITV3 Crime Thriller Award por Autor Revelación del Año en 2008 (“Broken Skin”)

Espero que os decidáis a leer alguno de sus libros, que os recomiendo. Por ahora, os dejo. Voy a salir a darme una vueltecita por la Ciudad del Granito. Espero no encontrarme con ninguna sangrienta sorpresa.




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Antes de dedicarse profesionalmente a la escritura, Stuart MacBride ejerció diversas profesiones: camarero en una plataforma petrolera, diseñador gráfico, programador informático.

lunes, 26 de marzo de 2012

Los 10 parques más bonitos de París

Acabamos de estrenar la primavera y, con ella, llegan los días soleados en los que nos apetece tomar el aire y darnos un paseo o sentarnos en la hierba de un bello parque.

En París encontramos infinidad de espacios verdes, lugares perfectos para relajarse en medio del trajín de la gran ciudad.

Estos son diez de sus más bellos parques,

1) Jardín de las Tullerías (Distrito I)


Es uno de los parques públicos más antiguos de París. En él podemos admirar las esculturas de bronce de Aristide Maillol.

2) Plaza de los Vosgos (III-IV)


Inaugurada en el año 1612, es la plaza más antigua de París y una de las más bellas del mundo.

3) Jardín de las Plantas (V)


En el jardín botánico se cultivan miles de variedades de plantas y arbustos.


4) Jardín de Luxemburgo (VI)


Este vasto parque es un verdadero oasis de tranquilidad en pleno centro de la ciudad. Sentaos en una de las sillas verdes mientras leéis una buena novela o miráis a los más pequeños jugando con los barquitos en el estanque.

Jardin de Luxemburgo y Jardin de las Tullerias en Paris
Jardín de Luxemburgo y Jardín de las Tullerías

5) Explanada de los Inválidos (VII)


Su césped, bordeado de tilos, nos conduce hasta el río Sena. Aunque los juegos de pelota no están en principio permitidos, encontraréis a muchos parisinos jugando al fútbol, al rugby y hasta a la petanca.

6) Jardín del Campo de Marte y césped de la Escuela Militar (VII)


Este gran parque público se sitúa a los pies de la Torre Eiffel.

7) Parque Monceau (VIII)


Fantasiosas construcciones, árboles centenarios y plantas raras adornan este parque a la inglesa.

8) Bosque de Vincennes (XII)


Con 995 hectáreas, el Bosque de Vincennes es el mayor espacio verde de la ciudad.

9) Bosque de Boulogne (XVI)


El inmenso Bosque de Boulogne tiene una superficie de 846 hectáreas. En la parte norte del bosque se halla el Jardín de Aclimatación, un parque de atracciones y una reserva de animales. En el bosque también hallamos el Hipódromo de Longchamp inaugurado por Napoleón en 1857 y Roland Garros, donde se celebra este torneo de tenis anualmente.

Desgraciadamente, algunas zonas del bosque son conocidas por la presencia de prostitutas por la noche.

10) Parque des Buttes-Chaumont (XIX)


Este pintoresco parque se construyó sobre una antigua cantera proporcionando así un fantástico espacio verde a un barrio que en aquel momento se encontraba en plena expansión.


Si os quedan ganas de respirar aún más aire fresco, podéis acercaros al Jardín del Palacio Real (I), la Plaza du Vert-Galant (I), el Parque Montsouri (XIV), el Parque Georges Brassens (XV) o el Parque de la Villette (XIX)



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El Bosque de Boulogne es más de dos veces mayor que el Central Park en Nueva York pero no alcanza ni la mitad de la superficie de la Casa de Campo en Madrid.